Sergio Valdivia Velázquez
Miércoles 12 de octubre de 2011
* Después de la inactividad el blog regresa; tuve problemas con la cuenta con la que administro el sitio pero ya se normalizó.
Formar un gabinete y un gobierno pluripartidista suena bien; lo difícil es sentarse a la mesa con quien no se quiere discutir.
El desplegado de 46 intelectuales y políticos del pasado lunes 10 de octubre ha despertado el debate y el análisis: proponen que en caso de que ningún partido logre obtener la presidencia y la mayoría del congreso entonces se implemente una coalición de gobierno.
Y es que en un escenario como el actual, en que hay un gobierno dividido –Ejecutivo y Legislativo controlados por partidos diferentes- la coordinación y la creación de acuerdos siempre se vuelven complicadas. Si a esto se le agrega la aguda división en el Congreso, en que los partidos muchas veces bloquean a los otros o condicionan su acción al final resulta una verdadera parálisis.
Tanto el gobierno dividido como el Congreso pluripartidista son escenarios usuales en la democracia y en el gobierno presidencialista. Estos hasta podrían ser benéficos pues al haber varias partes se permite la inclusión de las ideas e intereses de otros, no sólo los de una sola facción, por lo que la forma de gobernar se hace más diversas y hasta puede tener mayor legitimidad al ser reconocida por más grupos.
Sin embargo, en la práctica, la pugna propiciada por los intereses de cada partido y los botines que buscan condicionan y limitan su acción: ahí están los casos de las reformas retrasadas en su discusión o la grave realidad de la falta de consejeros electorales desde octubre del año pasado y con el proceso de elección federal ya iniciada, decisión postergada porque cada partido vela por sus intereses, aún cuando con esto están maniatando la democracia y arriesgando su legitimidad.
La coalición se acerca a lo que es un gobierno parlamentario: un primer ministro, jefe de su partido y de la cámara de representantes –el Parlamento- realiza acuerdos con todos los partidos para poder ejercer el gobierno. Al pertenecer al partido mayoritario, el ministro puede encausar la acción del resto, pero si excede en sus funciones, pierde el respaldo o no logra dirigir la acción colectiva, entonces puede ser destituido por el Parlamento. Incluso ha habido casos en que su mismo partido lo despide. Lo siguiente es designar un nuevo ministro y de esta forma evitar la parálisis, siendo un gobierno más dinámico.
Atender lo dicho por el desplegado no alude a transitar de un sistema presidencialista –el actual- a uno parlamentario, pero sí sugiere un mayor acercamiento y colaboración entre Ejecutivo y legisladores. No se podrá destituir al presidente pero al tener un gobierno con composición más heterogénea-pluripartidista, podría facilitar la coordinación y evitar la parálisis.
No obstante, aunque formar un gobierno de coalición suena bien, en la práctica resulta que sentarse la mesa con quien no se quiere discutir arroja resultados insatisfactorios. Incluso ahora en que el gobierno dividido tiene paralizadas los acuerdos o en que el presidente sólo se ha parado una vez en el Congreso, muestra que podría no ser una solución de fondo sino más bien sólo atenuaría el presidencialismo.
De cualquier forma no hay que desestimar la opción, pero eso sí, con coalición o sin ella no se debe dejar de exigir la consecución de acuerdos.
tacubox@gmail.com
Twitter: @tacubox
No hay comentarios:
Publicar un comentario