Sergio Valdivia Velázquez
Martes 9 de agosto de 2011
Este mes de agosto inician clases las instituciones de educación superior del país. A la par que arranca un nuevo periodo académico, me parece adecuada una revisión de los retos que debe enfrentar. Y es que por un lado es de reconocer el esfuerzo de los jóvenes para ingresar a cualquiera de estas. Pero aterra revisar las cifras de quienes no lo lograron. Tan sólo en la UNAM se habla de alrededor de 100 mil, 60 mil del IPN, sin agregar las cifras del resto de los estados y la capital.
El reto más evidente implica la ampliación de las matrículas o incluso la creación de nuevas escuelas. Pero no suena para nada sencillo lograr alguno de estos. Por ejemplo, fundar nuevas universidades brinda más espacios y amplía la cobertura educativa. Pero muy importante, se debe vigilar la calidad de lo impartido, la administración correcta de los recursos –complicado por el estatuto de autonomía universitaria y que no obliga a la transparencia-, y el desarrollo o “crecimiento” de estas pues –no decisivo pero a considerar- el prestigio y la fama que se generen las mismas instituciones.
El incremento del espacio conlleva ampliar las instalaciones, contratar más personal, revisar las cualidades de estos; en ambos casos implicando una financiación significativa pues cabe recordar que no basta con una inversión inicial ya que todo el sistema se tiene que mantener y desarrollar continuamente.
Tan sólo la discusión sobre los presupuestos, su correcta administración, el cuidado de la calidad de la educación impartida y las fuentes de empleo y de oportunidades de desarrollo, entre otros, son factores entrelazados y que implican un profundo estudio.
Además de esto, me llamó la atención un evento: una explosión registrara en el Tecnológico de Monterrey, Campus Lago de Guadalupe, en Atizapán, Estado de México, en el que un artefacto casero detonó, hiriendo a dos profesores. Hasta ahora no se ha determinado si es responsabilidad de algún grupo criminal o de algún “estudiante resentido”, como se viene manejando. No podemos afirmar con ninguna de las versiones, pues eso lo determinarán las autoridades encargadas de la investigación.
Este suceso, y más en tiempo de incremento de la violencia en todo el país, conllevan a una cuestión: ¿se puede garantizar la seguridad de los estudiantes? A pesar de que no causó un riesgo para la mayoría de la comunidad universitaria, queda en evidencia una falla de seguridad en el campus. Pero esto no es para culpar sino para pensar en que puede ocurrir en cualquier otro sitio. Si ya es un gran reto el de mejorar el alcance y la calidad educativa, ahora el tema de la seguridad pasa a ser una prioridad.
Desafortunadamente no es la primera vez que le ocurre al Tec: en marzo de 2010 ocurrió el asesinato de dos jóvenes que quedaron atrapados en fuego cruzado en una balacera en el campus de Monterrey. Quizá en otras universidades no se ha dado un caso tan grave, mas sí ha habido eventos que han supuesto un riesgo para los presentes. Es tarea de cada una coordinarse y prevenir este tipo de eventos, y de verdad, ya tiene que ser una prioridad.
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