Sergio Valdivia Velázquez
Jueves 4 de agosto de 2011
En el transcurso del fin de semana pasado y todavía el lunes, en Michoacán se registraron las desapariciones de encuestadores de dos firmas, seis de Consulta Mitofsky y tres Parametría. Los trabajadores recopilaban datos sobre las elecciones locales. Sin embargo, tras hechos aún no esclarecidos, fueron raptados y no se tenía idea de su paradero. Las autoridades michoacanas emprendieron una búsqueda que por unos días no arrojó resultados. Fue hasta el miércoles que se dio a conocer que los nueve habían sido liberados.
Naturalmente alegra saber que todos están vivos, sanos y salvos. Aunque se desconocen los detalles de su liberación, y del secuestro mismo, ahora lo importante es garantizar el bienestar y seguridad de los encuestadores. Pero como dice Roy Campos, presidente de Consulta Mitofsky: “[…] celebro la libertad de seis personas que levantaban encuestas, no celebro que la hayan perdido tres días. Falta liberar a tres” (realizó la declaración antes de saberse la liberación también de los trabajadores de Parametría). Por un lado es confortante la noticia, mas quedan cuestiones para investigar y analizar.
El estudio de la opinión pública es fundamental para la democracia, pues determina, aunque no con exactitud pero sí a con aproximaciones, las relaciones entre actores políticos, sus actos y justamente, el juicio y las consideraciones sobre estos y la toma de decisiones públicas y concernientes a la vida democrática.
Y un punto importante: en noviembre próximo se realizarán elecciones en la entidad en las que se renovará la gubernatura, ayuntamientos y el congreso local. Con la criminalidad que azota al estado y particularmente con los recientes sucesos las casas encuestadoras difícilmente se aventurarán a llevar a cabo estudios.
Una lástima pues el proceso michoacano, el último antes de la elección federal de 2012, presenta características peculiares. Tan sólo exhibe muestras como lo que es la actual lucha contra la delincuencia –siendo la entidad donde se inició dicha contienda-, casos de escándalos como el michoacanazo, el intento de que todos los partidos abanderaran a un solo candidato, surgimiento de nuevos grupos delictivos, el caso de Godoy Toscano, que a la fecha continúa prófugo, los juegos de poder con la designación de candidatos a la gubernatura, destacando el de María Luisa Calderón, Cocoa, hermana del presidente Felipe Calderón, entre otros. Y será la última oportunidad para que partidos, específicamente PAN y PRD, remonten contra un PRI que los ha hecho a un lado.
Aunque queden opciones como la encuesta telefónica y otras modalidades electrónicas, pueden no arrojar los mismos resultados que una encuesta cara a cara (al menos eso indican teoría y estudios del comportamiento político y electoral, que es un área compleja y que ahora no es el tema principal).
Al desconocer la influencia sobre la opinión pública de las acciones y dichos de los candidatos y partidos, el monitoreo del proceso tendrá que basarse en análisis y estimaciones en los que faltarán datos. Hay que decir que una encuestadora no es determinante para decidir un resultado electoral aunque la influencia de sus cifras y datos es innegable.
Si la elección michoacana es una muestra de lo que se viene en el proceso federal del año entrante, esperemos no augure hechos similares. Por ahora hay un motivo de alegría aunque obliga a una seria revisión de la situación de seguridad, tanto para encuestadores como para la sociedad en general.
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