miércoles, 27 de julio de 2011

Infortunio migratorio

Sergio Valdivia Velázquez
Jueves 28 de julio de 2011

Este último mes ha dado mucho de qué hablar en materia migratoria: casi casi para empezar el 6 de julio, el periódico The New York Times publicó un extenso reportaje (el cuál puede consultarse aquí en su versión en español) en el que se da a conocer que el flujo de migrantes de México hacia Estados Unidos ha disminuido en los últimos años, abocándolo a factores como la generación de empleos y el mejoramiento de los servicios sociales en México, aunque también a la violencia que azota al país y las dificultades económicas de EU.

Las reacciones no se hicieron esperar: desde las gubernamentales que "se colgaron la medalla” con el punto del empleo y bienestar, hasta los escépticos que rechazan esto, denunciado un desarrollo escaso o nulo y responsabilizando más bien el crimen organizado de este descenso.

El desarrollo en México es innegable, sin embargo, poco se puede presumir de éste pues no es lo que el país requiere para mejorar. Se generan empleos, se expande la atención social, pero no es suficiente. Y datos como los recién revelados de que el salario y el poder adquisitivo de los mexicanos han disminuido, el poco optimismo es justificable.

Y el miércoles 27, el Instituto Nacional de Migración (INM) declaró que la migración de Centroamérica a México se ha reducido cerca de 70% en el periodo de 2005 a 2010. Lo explican con lo que ya sabíamos: la crisis económica de EU, el fortalecimiento del control migratorio y la violencia en nuestro país; interesante que admitan este último punto.

Con esto, ¿es algo bueno? ¿Cuáles son las consecuencias de que la migración hacia México y hacia EU disminuya? Se podría decir que es bueno siempre y cuando fuera señal de un mejor desarrollo y mejoramiento del bienestar de los mexicanos –y también de los países de donde salen los migrantes-, sin embargo, al parecer ésa no es la razón principal. Más bien, las dos causas son la recesión en EU y la delincuencia en México. Veamos.

La crisis económica en EU, desde el 2008 –y de la cual aún se resienten sus efectos no sólo allá sino en todo el mundo- inhibe el crecimiento y generación de empleos -y tomemos en cuanta la extrema dependencia que México tiene con dicho país-, peor, ha propiciado cierre de empresas y despidos, por lo que el retorno de migrantes a sus países de origen es inminente.

Una de las consecuencias es que las remesas disminuyen por lo que se lacera la tercera fuente de ingreso de divisas al país –sólo superada por el narcotráfico y la venta de petróleo- y eso sin considerar el impuesto perdido que se le cobra a los envíos de dinero.

El factor inseguridad obviamente hace más riesgosa la estancia y el paso por el país, incrementado secuestros, matanzas o el aumento de los costos para atravesar la frontera. La violencia desalienta a quienes quieren pasar, que saben a lo que se pueden enfrentar. A esto se agrega la inefectividad u omisión de las autoridades en la investigación y castigo por estos crímenes. El padre Alejandro Solalinde, director del albergue para migrantes Hermanos en el camino, en Oaxaca, revela que el crimen organizado incluso hace un ejército de reserva con los secuestrados.

Entonces el que el flujo migratorio baje no es buena señal, al menos no ahora, ni para nosotros ni para quienes tienen la intención de pasar o ya lo hicieron. Significa que las cosas van mal, tanto acá como allá. Y un elemento más: ¿qué van a hacer quienes ya no se van? Si no hay condiciones favorables para quienes ya están, sumarle un excedente es un problema severo. ¿Acaso terminarán en las filas de la delincuencia mientras no se den solución ni oportunidades? Francamente no es una buena noticia.

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