Sergio Valdivia Velázquez
Martes 5 de julio de 2011
Como al hacer una escenificación, el casting y los papeles para el 2012 ya fueron definidos en las pasadas elecciones del domingo 3 de julio. No refiero con absoluta seguridad a que así serán pero si la situación político-electoral continúa con su actual curso, parece que se concretarán. Los actores: PRI, PAN-Poder Ejecutivo, PRD, el Congreso y las bancadas de los partidos, y las instituciones electorales.
El PRI se presenta como el partido más fuerte, con una maquinaria y prácticas afinadas, aplicadas y comprobadas en su efectividad –acarreos, dispendio, condicionamientos a cambio del voto- como se apreciaron en los comicios del domingo, particularmente con varios casos en el Estado de México. Tiene en sus filas al gobernador de esta entidad, Enrique Peña Nieto, quien es el puntero de las preferencias a la sucesión presidencial. En cuanto al poder gubernamental, tiene más de la mitad del Congreso –lo que ocasiona un gobierno dividido Ejecutivo-Legislativo y que condiciona totalmente el planteamiento y ejecución de políticas- y gobierna la mayoría de los estados
Y otro factor importantísimo: capitaliza el descontento contra el Gobierno Federal y el Ejecutivo por la mala percepción que se tiene de éste y los resultados insatisfactorios que arroja, teniendo como talón de Aquiles la actual estrategia contra la inseguridad: el voto de castigo ser hará notar.
Inmediatamente tenemos que mencionar al PAN, que se presenta cada vez más debilitado, siendo inevitable el nexo que le une al Ejecutivo y su impopularidad. Comparten la mala percepción y los malos resultados, lo que le trae consecuencias desastrosas a la hora de las elecciones, como se vio en Coahuila y especialmente en el Edomex, donde sus candidatos ocuparon segundos y terceros lugares con diferencias apabullantes (siendo la excepción Nayarit, donde el margen de diferencia fue poco).
Le urge que se definan pocos aspirantes para el 2012, pues tener siete –Cordero, Lujambio, Lozano, Félix, Creel, Vázquez Mota y González Márquez- genera el riesgo de fragmentación interna en el partido y no creo quieran llegar a la crisis de los partidos de izquierda. Cabe mencionar que ninguno de ellos apunta a ser el ganador de acuerdo con las encuestas sobre preferencias presidenciales.
Continúa el PRD, que se presenta frágil y fragmentado. A pesar de tener figuras destacadas, en referencia al caso de Encinas, quien ganó los debates entre candidatos y presentaba proyectos convincentes, no logró encauzar el descontento de la población ni animó el voto a su favor.
En gran medida, está presente la división del partido, en la que el surgimiento de múltiples corriente no permite generar unidad y en algunos casos dividen el voto como ocurrió en Coahuila, en que PRD y PT-Convergencia compitieron por separado. No es anormal ni dañino la existencia de corrientes, de hecho, pueden ser muestra de un ambiente democrático, sin embargo, no es conveniente una polarización extrema como la que experimentan.
Otra muestra es la inculpación a López Obrador por las derrotas en Edomex y Nayarit, que más bien son señales de desesperación por la tremenda descoordinación y división y la búsqueda de un culpable. Es inevitable su presencia y peso pero depende del partido si decide definitivamente acogerlo o rechazarlo: el que una facción lo apoye, otra lo rechace y que esto se manifieste en muestas públicas de inconformidad no va a permitir el buen curso del organismo político.
Otro protagonista serán las instituciones electorales, específicamente el IFE, organismo que hasta ahora arroja señas de ineficiencia e incapacidad. Para verlo, estamos a tan sólo 3 meses para el arranque del periodo electoral de 2012 y faltan tres consejeros en el Instituto. No se queda ahí: se está cargando más problemas por la defensa de la regulación de la propaganda en los medios –uno de los terrenos más “peligrosos”- y las disposiciones para efectuar el derecho de réplica en caso de agravios. Ni el IFE ni el Congreso dan fecha para cuando saldar estas dificultades.
El Congreso y los partidos con sus bancadas, de aquí al año que viene, tendrán poca actividad y más bien, movimientos cautelosos. Se vienen las posibles reformas laboral, de seguridad nacional, fiscal, política, otras más, que le urge aprobar al PAN pero que no despiertan mucho entusiasmo por parte del resto de los partidos, en particular del PRI. Si estas reformas no salen ahora, simplemente no lo harán, al menos no durante este sexenio.
Los roles no está asegurados pero pintan para cumplirse. Si el PRI sigue por su camino, ya la hizo; el PAN tendrá severas dificultades para recuperarse, además que su dependencia con el Ejecutivo, que apunta a no cambiar las políticas aplicadas hasta ahora, le repercutirá de alguna manera; el PRD tiene tres meses para resolver sus pugnas, cosa que no ha hecho en casi 5 años y que ni la renovación de su dirigencia pareció solucionar; el Congreso estará paralizado por las elecciones y al IFE le urge estructurarse y definir claramente sus posturas.
No se puede dejar de lado la poderosa fuerza del electorado, pero los comicios del domingo nos mostraron lo que podría pasar: abstención -que siempre favorece al líder en las preferencias- y voto de castigo en favor de una fórmula ya conocida y rechazando una opción poco definida como son las izquierdas.
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