Sergio Valdivia Velázquez
Jueves 23 de junio de 2011
En el marco de la Primera Conferencia Internacional de Apoyo a la Estrategia de Seguridad de Centroamérica, numerosos mandatarios de la región declararon sus posturas con respecto al tema de la inseguridad. En los centroamericanos se escucha un llamado desesperado de auxilio pues insisten que los grupos criminales los están rebasando. Grave pero cierto: tenemos el caso de Guatemala en que su presidente ha sido amenazado de muerte, los decapitados en Petén y el estado de sitio, las maras… y los casos siguen.
Álvaro Colom, presidente de Guatemala y anfitrión del encuentro, señaló la urgencia por apoyo técnico, político y financiero para que los países de la región puedan combatir el crimen. Como réplica, Hillary Clinton, secretaria de Estado de EU, asistente a la Conferencia, anunció 300 millones de dólares para la seguridad en Centroamérica e impulsar una estrategia conjunta.
Sin embargo, a estos pronunciamientos algo no les queda: no se plantea llevar a cabo una estrategia integral de combate a la inseguridad. La mayoría de los dichos se inclinan al papel de los cuerpos policiacos y militares y poco o nada se hablo del impulso al desarrollo social o al combatir factores generadores de condiciones propicias para el florecimiento de la delincuencia.
Temas como la salud, la educación, el empleo, la legalización de las drogas, no fueron la prioridad del encuentro. Además, si escuchamos palabras recientes como las de Gil Kerlikowski, zar antidrogas de EU, quien considera “absurdo” legalizar las drogas, podemos darnos cuenta de qué orientación tiene la táctica que se quiere aplicar.
Además, señalamientos como los hechos por Felipe Calderón, invitado a la Conferencia, respaldan estas posturas. En una recomendación aventurada y desconcertante, pidió a los países de la región poner en marcha medidas como las que él ha aplicado en México para combatir la delincuencia. Sin embargo, después del ejemplo dado con casi 40 mil muerto y pocos o nulos avances en la lucha, a pesar de la captura de capos y los constantes operativos, no sé qué tan viable sería que algún país lo considerara en serio.
El presidente mexicano agregó que se deben tomar medidas como la depuración policial o el brindar más oportunidades a los jóvenes, disposiciones que en nuestro país han sido ignoradas o poco o mal acatadas. Ahí están los controles de confianza que nadie atiende. O los pocos empleos generados y la economía mexicana que apenas sale de los efectos de la crisis de 2008-2009.
El gobierno mexicano no propone una lucha integral y culpa del fracaso de la actual a Estados Unidos, pues le pide responsabilidad en cuanto a bajar el nivel de consumo de frogas y a frenar la exportación de armas hacia México. Es indiscutible la relevancia de EU en el problema, sin embargo, el Gobierno Federal de México debería preocuparse más por asuntos de competencia de su demarcación que por las decisiones del vecino del norte.
Lo que el presidente no ha considerado es que la administración de Obama ha tomado cartas en el asunto y ha destinado mayores recursos para programas de prevención y tratamiento de las adicciones. Sus efectos son duraderos y efectivos mas no se verán a corto plazo. Y en cuanto a la venta de armas, la discusión debió terminar hace mucho: EU no cambiará su política pues es uno de sus preceptos “Sagrados” y consagrados en su Constitución. Aunque la responsabilidad debería aplicarse en evitar casos como los del operativo “Rápido y furioso” que concluyó en desastre.
Y tan empeñado está nuestro gobierno en que sus medidas funcionan que ya está proponiendo a los gobiernos centroamericanos entrenar a sus policías para encarar este combate. ¿De verdad tomarán la opción? Esperemos que no lo hagan sólo por desesperación, pues si ven el panorama mexicano se darán cuenta de lo que les espera.
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